Ángel Cabrera, primer español rector de una universidad americana, doctor honoris causa por la UPM

12.02.2018

El ingeniero de Telecomunicación Ángel Cabrera, rector de la George Mason University, la universidad pública más importante de Virginia, ha recibido el doctorado Honoris Causa por la UPM en el transcurso de un acto, presidido por Guillermo Cisneros, en el que también tuvo lugar la investidura de 105 nuevos doctores.

Titulado en ingeniería de Telecomunicación por la ETSIT-UPM y Doctor por el Georgia Institute of Technology, Ángel Cabrera se convertía en 2011 en rector de la George Mason University, la universidad pública más importante de Virginia (Estados Unidos).

Su “visión global excelente, espíritu innovador y emprendedor, además de una predisposición a la colaboración ejemplar” eran los motivos con los que la universidad estadounidense argumentaba el nombramiento con el que Ángel Cabrera se convertía en el primer español en dirigir una universidad americana, puesto que aún ocupa.

La concesión del doctorado Honoris Causa a Ángel Cabrera fue una propuesta de la Escuela Técnica Superior de Ingenieros de Telecomunicación, centro en el que realizó sus estudios. Con esta distinción la UPM reconoce no solo la trayectoria gestora de Ángel Cabrera, sino también sus contribuciones en la mejora de la educación a nivel global. En 2006, Cabrera fue nombrado delegado especial del Pacto Global de  Naciones Unidas en el campo de la gestión y la educación, puesto desde el que coordinó la redacción de los Principios de Educación Empresarial Responsable de este organismo internacional.

El padrino del nuevo doctor, el profesor José Manuel Páez, antiguo director de la Escuela Técnica Superior de Ingenieros de Telecomunicación, destacó que este “reconocimiento no es sólo por su labor y trayectoria tecnológicas sino por su faceta de líder global”. Este liderazgo, explicó Páez, “no se circunscribe sólo al ámbito de la Educación Superior, sino que se proyecta en otras áreas socio-económicas y humanísticas tal y como lo han reconocido importantes instituciones”.

Protocolo de la ceremonia

Durante el acto se le han entregado los atributos de doctor, tal y como indica el protocolo de esta ceremonia.  La concesión, en el ceremonioso ritual de investidura, de distintos objetos relacionados con la universidad encierra toda una exaltación de la docencia y la sabiduría. Como a un caballero de la enseñanza, al doctorando se le impone, de modo sucesivo:

El birrete, “para que no sólo deslumbres a la gente, sino que además, como con el yelmo de Minerva, estés preparado para la lucha”; el anillo, “La Sabiduría con este anillo se te ofrece voluntariamente como esposa en perpetua alianza; procura mostrarte esposo digno de tal esposa”; los guantes, “Estos guantes blancos, símbolo de la pureza que deben conservar tus manos en tu trabajo y en tu escritura, sean distintivo también de tu singular honor y valía”; el libro, “He aquí el libro abierto para que descubras los secretos de la Ciencia (...) he aquí cerrado para que dichos secretos, según convenga, los guardes en lo profundo del corazón”.

Invertir en educación

El nuevo doctor, Ángel Cabrera, agradeció emocionado a la “universidad que me dio alas, que celebre hoy en mí, logros que son en buena parte suyos”. “Gracias a estudiar en instituciones como ésta”, resaltó Cabrera, “es posible que un chaval del barrio de Batán, de una familia normal y corriente, llegue a ser rector en Estados Unidos y consejero de importantes organizaciones”. Además, destacó que “las universidades ayudan a la gente a alcanzar lo impensable y a la sociedad a ser más próspera, justa y libre”. “Mi carrera es un buen ejemplo de la capacidad de la universidad española de crear oportunidades, de alterar trayectorias, de batir estadísticas, de generar valores atípicos”, subrayó.

En su discurso, explicó que “no he dado con un ejemplo de sociedad a lo largo de la historia que haya fracasado por educar demasiado. Más bien lo contrario”. Se habla de “sobre-educación como si fuera un problema, que, al parecer, habría que arreglar educando menos gente. Mi propuesta es eliminar ese término absurdo, dañino para la economía y contradictorio para una sociedad democrática”. “Por el bien de la economía y de la salud democrática”, resaltó Cabrera, “hay que seguir invirtiendo e innovando para educar a más gente”.

Además de dar “alas a la gente, algunas universidades, como la Universidad Politécnica de Madrid, tienen otra función igualmente importante: avanzar la ciencia, la tecnología y el pensamiento a través de la investigación”. “En una economía avanzada como la española, donde la generación de riqueza está cada vez más ligada a la innovación, la universidad como fuente de ideas e investigadores es pieza central de la competitividad”, subrayó el rector de la George Mason University.

“Es en universidades como ésta, donde jóvenes que nunca se lo habrían planteado, como los que hoy han recibido aquí su título de doctor, descubren su interés por la investigación, aprenden el oficio y son admitidos en la comunidad-científica”, subrayó Ángel Cabrera.

El rector de la UPM Guillermo Cisneros en sus palabras también se refirió a los nuevos doctores, indicando que uno de los objetivos de la Comisión Europea es “incrementar el número de doctores para poder aumentar nuestra competitividad, y vosotros ya habéis recorrido ese camino”. “Las empresas empiezan a buscar doctores y a reconocer esta formación de cara a su participación en programas europeos”, matizó.

El doctorado, prosiguió Guillermo Cisneros, no es una “inversión vana”. “En una sociedad en la que la transformación digital está cambiando muchos usos y maneras de hacer las cosas sólo aquellas empresas que puedan contar con el valor añadido que les aporta la Innovación van a sobrevivir y esto se hace a través de la investigación”.

Pertenecer a la élite mundial

Respecto al sistema universitario español, Ángel Cabrera aseguró que “para competir en condiciones razonables, España no sólo tiene que duplicar su inversión en investigación, sino que también tiene que apañárselas para meter algunas universidades en la élite mundial”. Una opinión con la que coincidió Guillermo Cisneros, quien recordó que la “universidad española ha sufrido estos últimos años una situación económica muy difícil como consecuencia de las reducciones presupuestarias”. “Espero que las medidas adoptadas estos años por los políticos, las medidas que nos han hecho perder una generación completa de investigadores y de profesores jóvenes para nuestras aulas, no nos hagan perder ese puesto número 11 en publicaciones científicas y ese 3% de la productividad científica total”, subrayó. 

“A las universidades españolas se nos exige y se nos echa en cara frecuentemente que no existe ninguna Universidad española entre las 100 primeras de los rankings. Parece que está de moda hablar mal de nuestro sistema universitario y, sin embargo, la transformación social de este país en los últimos cuarenta años no habría sido posible sin su sistema universitario público”, aseguró Guillermo Cisneros. En este sentido, Ángel Cabrera indicó que “el modelo español de gobierno y gestión de las universidades no deja la suficiente autonomía para atraer y gestionar talento, para compensar de manera competitiva, tomar decisiones rápidas y asumir riesgos. Por eso no hay ni sola universidad española entre las 200 primeras del mundo en investigación y solo tres entre las 300 primeras. Dado el tamaño de España, deberíamos aspirar a tener una docena”.

El rector de la UPM quiso recordar que aunque no tengamos una universidad generalista en el top-100 de los principales rankings, “sí tenemos al menos una, la Universidad Politécnica de Madrid, en el puesto 81 en el ranking QS de enseñanzas técnicas”, siendo la “primera universidad en ese ranking entre las de habla hispana. Además, tenemos Escuelas en el top-50 en varias disciplinas y entre las cinco primeras a nivel mundial en otras materias”.

Por otra parte, Ángel Cabrera también destacó la labor extraordinaria que están haciendo las universidades como la UPM ayudando a gente joven a estudiar fuera. “A veces nos lamentamos cuando salen científicos jóvenes y no regresan. Se ve como una pérdida. Como un signo de debilidad del sistema español. No hay que verlo así. Aunque pueda parecer contradictorio, a España le conviene tener muchos y buenos científicos fuera, en sitios buenos, y  mantener estrechas relaciones con ellos”, concluyó.